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¿Cómo podemos orar en todo momento?

November 13, 2019

 

 

 

1Tesalonicenses 5:17 Orad sin cesar.

 

No se trata de caminar con las manos juntas, la cabeza inclinada y los ojos cerrados en todo momento y menos cuando vas manejando. Básicamente orar en todo momento hace referencia a esa oración que ocurre nuevamente. No se refiere tampoco a no parar de hablar. Hace referencia a una constante actitud de oración.

 

Me gustaría citar las palabras del famoso predicador del siglo XIX, Spurgeon:
 

“Un cristiano debe llevar el arma de la oración como una espada desenvainada en su mano. Nunca debemos detener nuestras súplicas. Que nuestros corazones nunca sean como una pistola de poco uso, necesitando que se le haga de todo antes de poder ser usada contra el enemigo, sino que debe ser como un cañón, cargado y preparado, requiriendo sólo el fuego para poder disparar. El almo no siempre debe estar ejercitando la oración, pero siempre funcionando en la energía de la oración; no siempre en realidad orando, pero siempre orando intencionalmente”.
 

Sencillamente orar en todo tiempo es vivir en un estado consciente de la presencia de Dios. Es tener la claridad y el entendimiento pleno de saber que Dios está a nuestro lado en todo momento. Me comunico instantáneamente con Dios. Cuando pasan cosas buenas inmediatamente le agradecemos al Señor por esto. Cuando vemos que las cosas se ponen feas y las tinieblas quieren manifestarse acudo inmediatamente al Señor por su protección y amparo. Cuando recibo una mala noticia que obviamente no esperaba inmediatamente le pedimos a Dios que encamine esa situación a cumplir con su voluntad en nuestras vidas. Cuando conozca a alguien sin Jesucristo en su vida inmediatamente mientras conversamos elevo una oración por el alma y la misericordia de Dios sobre esa vida para que nos use como instrumentos de su gracia. Cuando como pareja nos ponemos tensos y la carne quiere gobernar inmediatamente clamamos al Señor para que gane la batalla sobre ella. Cuando le digo a alguien que oraré por sus necesidades inmediatamente me conecto con mi buen Jesús para que cumpla su perfecta voluntad. Cuando nos encontramos en una encrucijada y los problemas nos abruman inmediatamente ponemos nuestros ojos a Jesús y como Pedro clamamos ¡sálvame!
 

De esta manera nuestra vida se convierte en una oración continúa que va creciendo con los años. Cada pensamiento, cada situación, cada circunstancia, cada ocasión se vuelve en una excusa para orar y tener una comunión genuina con nuestro Padre celestial. No importa si estamos en el carro, en el bus, en el transmilenio, en el aeropuerto, en el trabajo, en el cine, en la casa, en el cuarto, en la iglesia, en el parque, en el centro comercial, en donde sea que nos ubiquemos podemos tener acceso en cualquier momento al trono de la gracia. No perdamos esta maravillosa oportunidad. Mientras haces lo que haces dedica unos minutos para conectarte con tu Padre, pensando en las cosas de arriba y no en las de la tierra.

 

RCPC

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